Imagen: Freepik

Por David Uriarte / 

Muchos temas captan la atención: algunos impactan la tranquilidad personal, como la muerte violenta de un familiar; otros afectan la tranquilidad familiar, como la escalada de precios y el crecimiento económico reducido; y otros golpean la conciencia social, como los feminicidios, las desapariciones, los homicidios, los secuestros, las extorsiones y todo aquello que ponga en riesgo los sistemas de seguridad pública.

Hay asuntos de impacto nacional e internacional, como las guerras, las tensiones entre las naciones más poderosas (Estados Unidos, Rusia y China), las acciones espectaculares de Estados Unidos con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y la guerra arancelaria entre los países proveedores. La epidemia mundial de adicciones, junto con el tráfico de drogas —especialmente la guerra contra el fentanilo, que ha costado al mundo miles de muertes y millones de dólares de ganancias a los narcotraficantes—, todos estos temas locales e internacionales, solapan u oscurecen otros asuntos igual de importantes, como la producción agrícola mundial, nacional, regional y local.

La producción agrícola está bajo fuego desde la trinchera de los insumos, los apoyos gubernamentales y las condiciones de inseguridad. El precio de los insumos experimenta una carrera de aumentos que promete duplicarse en los últimos años si se contemplan sus incrementos escalonados desde el año 2018 a la fecha. La relación entre el aumento de insumos y el incremento de los precios resulta asimétrica y dispar, con tendencia a declarar el negocio como inviable.

El esfuerzo de los productores agrícolas no tiene horario; no hay hora de entrada ni hora de salida. Si es necesario desvelarse, deben hacerlo; si es necesario trabajar fines de semana y días festivos, lo hacen. Lo más temido o lo que visualizan los productores son dos amenazas: el control del agua como instrumento de control y la fantasía de perder el control también de sus tierras. Entonces sí, las cosas llegarán a su fin.

La sociedad debe dirigir una mirada al campo. No se puede decir que el gobierno no ve a los productores, claro que los ve, pero los criterios en su atención y su necesidad son distintos. Es la sociedad quien debe ver el cono de incertidumbre bajo el cual se encuentra el sector primario.

Una mirada.