Por David Uriarte

Son tantas las conmemoraciones que, su relevancia se pierde, se agota, o se pasa por alto. Hay personas que desconocen la mayoría de las celebraciones mundiales o regionales.

Sea o no el día del abrazo, los humanos expresan parte de sus emociones o sentimientos a través del contacto físico, desde el lenguaje no verbal hasta el signo de afecto demostrado con un apretón de manos o un abrazo fuerte y duradero; la vinculación afectiva muestra así su presencia e importancia.

Ayer fue la celebración “oficial”, pero todos los días son oportunos para mostrar el afecto o la conexión con aquellas personas significativamente importantes en la vida.

Hay quienes viajan miles de millas o kilómetros de distancia solo para ver, saludar, abrazar y estar en contacto con sus seres queridos.

La tecnología, de alguna manera, acerca las imágenes; hay familias que mantienen contacto por videollamadas mientras esperan el momento de hacerlo de manera presencial, aunque sea por unas horas o semanas.

Abrazar a una persona induce el aumento en la producción de la neurohormona llamada oxitocina. Esta sustancia se produce en la neurohipófisis e inunda por vía sanguínea todas las estructuras del cuerpo, produce tranquilidad y fortalece la confianza entre quienes se abrazan.

El abrazo, al igual que el saludo, se aprende. Se aprende a demostrar afecto, pero también se aprende a reprimirlo. Desde la niñez, las muestras de afecto comienzan a dejar marcas emocionales; la ausencia de ellas también marca a la persona.

Hay quienes no pueden expresar sus afectos porque no los aprendieron. Saludan como si temieran ser infectados por la persona que tienen enfrente. Más que un abrazo, ejecutan movimientos estereotipados que se asemejan a un intento de contacto, no establecen contacto visual, y parecen alérgicos a todo aquello que implique contacto y emoción placentera.

Enseñar a los niños a saludar y a mostrar afecto a la familia y a los seres queridos los fortalece y los prepara para un encuentro saludable en la vida de relación, entendiendo que la socialización es uno de los pilares de la salud mental y la personalidad sana.

Tampoco se trata de colgarse de todo el mundo en muestras de afecto fingidas. El abrazo debe surgir de la honestidad del afecto, de la necesidad implícita de compartir un vínculo psicológico donde la amistad merece eso y más.

Un abrazo.