Por David Uriarte /
Muchas de las cosas visibles e invisibles despiertan admiración. En el siglo XIX resultaba impensable comprender la transportación interoceánica; en el XX, la imaginación difícilmente admitía los avances tecnológicos de la digitalización. Las redes de información y comunicación llegaron para solucionar múltiples problemas y desafiar a los escépticos. En el siglo XXI, los cambios y la revolución tecnológica se desbordaron; la inteligencia artificial llegó para mejorar diversos procesos, aunque también generó nuevos conflictos. El mundo actual es, definitivamente, otro si se compara con el de nuestros abuelos.
Hace cien años era inimaginable pensar que, con presionar un botón y plantear una duda sobre cualquier tema, recibiríamos del otro lado del dispositivo información copiosa y eventualmente certera. Hoy, la sorpresa reside en lo impensable respecto a la seguridad, la gobernabilidad y la protección ciudadana. ¿Alguna vez alguien pensó que los familiares de las víctimas de la delincuencia organizada tendrían que implorar con lágrimas y súplicas por sus seres queridos privados de la libertad, secuestrados o desaparecidos?
La lógica dicta que los familiares deben acudir a las autoridades competentes, como las fiscalías estatales o la Fiscalía General de la República, según el caso. Sin embargo, las familias de las víctimas de delitos cada vez más recurrentes —como la desaparición o el secuestro— recurren ahora a la delincuencia organizada para suplicarles que el dolor los conmueva.
Recientemente, en el programa del periodista Ciro Gómez Leyva, entrevistaron a una mujer cuyos familiares desaparecieron en el puerto de Mazatlán hace pocos días. Con una mezcla de tristeza y desesperación, y al borde de las lágrimas, ella pedía y suplicaba a los delincuentes que se conmovieran y respetaran la vida y la libertad de su hermano. Esto forma parte de lo que en otros tiempos se consideraba impensable. Resulta difícil asimilar las actitudes derrotistas de una sociedad agraviada por delitos que vulneran la vida, la libertad, la integridad y el patrimonio.
Lo impensable ayer es hoy parte de la realidad.














