Por David Uriarte /
Padecimientos del corazón, cáncer, diabetes, hipertensión, enfermedades renales crónicas y obesidad representan las patologías de mayor prevalencia en la actualidad.
Es común que en cada familia se hable de un pariente diabético, un familiar que murió de cáncer, un abuelo hipertenso o un infartado que provocó un susto tan grande como la cuenta del hospital y de los honorarios médicos en el sector privado.
Otras afecciones menos frecuentes también aparecen en el entorno familiar: artritis reumatoide, espondilitis anquilosante, esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad obstructiva crónica, psoriasis y cáncer de próstata.
Estas enfermedades crónicas, degenerativas, costosas e incapacitantes exigen atención constante, medicación permanente y conllevan complicaciones que dejan a los pacientes con una carga económica importante, incluso si cuentan con seguridad social.
Existen enfermedades silenciosas, raras o poco prevalentes que la mayoría de las personas desconoce. Un ejemplo es el fabismo: una reacción hemolítica aguda (ruptura de glóbulos rojos) causada por la ingesta de habas o la inhalación de su polen en personas con deficiencia hereditaria de la enzima glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6PDH).
Asimismo, se presentan trastornos neurológicos, psiquiátricos o psicológicos como la prosopagnosia, que consiste en la incapacidad para reconocer rostros familiares.
También figuran enfermedades inmunológicas como el lupus y condiciones genéticas poco frecuentes como el síndrome de Turner o el síndrome de Klinefelter. En este último, los hombres poseen un complejo cromosómico XXY; aunque su apariencia física es normal, no pueden reproducirse.
En definitiva, existe una serie de afecciones poco comunes y silenciosas que acompañan al paciente hasta la muerte.
Las enfermedades psiquiátricas ocupan un espacio relevante en este panorama. Muchas personas se llevan a la tumba el secreto de sus disfunciones mentales o sexuales, como las mujeres anorgásmicas o los hombres con ausencia de deseo sexual, por mencionar algunos casos.
Capítulo aparte merecen los trastornos de personalidad que, aunque no se clasifican como enfermedades, generan sufrimiento en quienes los padecen y en sus familias; ejemplos de ello son las personalidades paranoicas o antisociales.
Por cierto, ayer se conmemoró el Día de las Enfermedades Venosas.













