Por David Uriarte /
Tras pérdidas profundas, surgen los tiempos de ganar. En regiones golpeadas por una realidad cruel —donde la violencia, la muerte, las desapariciones, el robo y las extorsiones amenazan la calidad de vida mediante una percepción construida con las ruinas del sufrimiento propio o ajeno— la sociedad debe plantearse cómo revertir el miedo y buscar la prosperidad.
Parece paradójico, pero llega un punto en que no queda espacio para más conflictos; es ahí donde la resiliencia social enseña a transformar las experiencias en herramientas de supervivencia y adaptación. Escenarios internacionales de conflicto como Rusia y Ucrania, o la relación entre Israel y Estados Unidos, por citar los más relevantes, presentan condiciones para buscar ganancias tras tantas pérdidas. Lo mismo ocurre en contextos locales: entidades federativas donde la paz es la principal ausencia.
Existen familias y lugares que han perdido tanto que el triunfo se vuelve imperativo. No es posible que las conductas delictivas permanezcan per se, ni que la especie se extinga por un retroceso de la civilización. Tampoco es sostenible tal grado de maldad ni entender la impunidad como un puente facilitador entre la criminalidad, la complicidad y el exterminio. Por todo ello, es tiempo de ganar.
Poco a poco, la sociedad reconstruirá expectativas sanas, donde las libertades y los derechos que el Estado tutela sirvan a la vida. Las viviendas volverán a ser palacios y fortalezas de paz, tranquilidad y armonía social. En este escenario, la confianza en las instituciones dejará de ser un discurso o una ilusión para convertirse en la herramienta que consolide una sociedad sana y feliz.
Mientras las mentes negativas infunden miedo o desesperanza, la realidad ofrece a la conciencia social espacios y oportunidades para retomar responsabilidades. La sinergia entre familias, instituciones y gobernantes puede apresurar estos tiempos de victoria. Ceder ante la desesperanza o el negativismo solo fortalece la indefensión aprendida; por el contrario, los tiempos de ganar se consolidan mediante un cambio de creencias, actitudes y percepciones, junto con la resignificación de las expectativas.
















