Por David Uriarte /
Como si fuera deporte, circulan propuestas y afirmaciones contundentes sobre el futuro político de Sinaloa. Unos afirman que el país campeón en el Mundial de Fútbol será fulano o zutano; si aciertan, se jactan de su certeza, y si no sucede, se justifican. Lo mismo ocurre con los futuristas de la política regional: aquellos que afirman quién ocupará la silla del poder ejecutivo en el estado, cuáles serán los obstáculos por vencer, quiénes se quedarán en el camino y hasta cuáles serán las tragedias por lamentar.
Hay focos bien definidos en el análisis político de Sinaloa: los intereses presidenciales, los intereses del partido en el poder, los intereses locales, los intereses de la oposición, las figuras emergentes y las condiciones de la historia reciente, derivada de acontecimientos inimaginables hace dos y cuatro años.
El año 2027 no es igual que el 2018 ni que el 2024; las cosas cambiaron en poco tiempo. Hace ocho años la euforia política en México se desbordaba; hoy esa euforia es una mezcla de indignación con esperanza. Muchos mexicanos siguen apostando a la magia de la dádiva, el régimen se resiste a modificar sus estrategias, el grado de inconformidad crece junto con el número de inconformes, las preocupaciones oficiales resultan evidentes y el intervencionismo extranjero perdió las formas, por no decir que la vergüenza.
Mientras el régimen reza la misma letanía en defensa de la soberanía, las agencias estadounidenses presumen una y otra vez que ellos proporcionaron la información al gobierno para que la Sedena realizara el operativo en el que abatieron al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. ¿Y la soberanía?
Todos estos temas serán obligados en el futuro inmediato del desarrollo político de Sinaloa. Los plazos son realmente cortos: primero la figura del ejecutivo en el estado, después la selección de candidatos, luego la contienda electoral, después los resultados y la conformidad o inconformidad social, después la operación cicatriz, y nuevamente a corretear la zanahoria de la percepción, como la liebre que busca de manera incansable la recompensa que nunca llega.
El futuro político de Sinaloa tiene varios dobleces y no será un proceso matemático. No se trata solo de contar votos; se trata de esperar las noticias que los estadounidenses tienen guardadas como cartas que apenas empiezan a barajarse. El futuro se revela cuando se conoce el pasado.













