Por David Uriarte /

Decir que empieza el movimiento no significa nada si no se contextualiza. Una forma de decir mucho y no decir nada es pronunciar la famosa palabra movimiento: que si se apoya al movimiento, que si estás en contra del movimiento, que es por el bien del movimiento, que si quieren destruir al movimiento. Más que una muletilla, es una forma elegante de no decir nada y decir todo al mismo tiempo; todo queda a la imaginación o a la interpretación.

Hace días se reunió la titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), Columba Jazmín López Gutiérrez, con los productores y acopiadores de granos en Sinaloa. Unos recibieron sus tarjetas, donde les depositarán los adeudos, y los otros recibieron la promesa de pago en cómodos abonos para cuando se pueda. A este tipo de reuniones no se les da mucha difusión, en tanto los resultados son inciertos, por no decir estériles: promesas que no dejan nada en la bolsa y mucho menos en el estómago.

Alfonso Ramírez Cuéllar también se reunió con la élite empresarial. No son visitas espontáneas; son la avanzada para tranquilizar las aguas en un estado donde las cosas no pintan bien para el régimen, menos cuando la ola de violencia se extiende y no parece respetar tiempos, mucho menos los electorales.

Otra figura relevante que visita Sinaloa es Ignacio Mier Velazco, senador de la República y presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, cuya carta de presentación es su cercanía con la titular del Ejecutivo federal. La presencia de “Nacho Mier” va más allá de la tarea partidista; representa un mensaje doble de la preocupación de Palacio Nacional: por un lado, la puerta tan ancha que permitió la inscripción de muchos en busca de la gubernatura y, por otra parte, el riesgo de no contener las diferencias, con la posibilidad no solo de rupturas internas, sino también de evidencias incómodas que pueden devaluar al partido y repercutir en los resultados electorales.

Las diferencias tendrán que repartirse en sillas alternas; es decir, solo hay una silla titular, pero pueden arrimarse otras sillas con la promesa de tener una buena representación administrativa mientras llegan los tiempos. La disciplina será la respuesta de la mayoría, pero no todos piensan disciplinarse.