Por David Uriarte /

Está de moda la frase “atención a las causas” cuando se habla de problemas sociales. Esta frase aplica también a las familias y a las personas. Casi todas las enfermedades es posible prevenirlas; otras, detectarlas a tiempo. Las enfermedades físicas y mentales: algunas es posible prevenirlas; otras, diagnosticarlas a tiempo; otras, atenderlas o tratarlas de manera oportuna. Cuando ya no fue posible actuar en la prevención, entonces el objetivo es la rehabilitación y la contención del daño.

Este mismo esquema es posible aplicarlo a los conflictos sociales. La delincuencia, producto de conductas humanas, puede disminuir y, en lo posible, evitarse cuando desde el seno de la familia se practican conductas sanas, cuando el ejemplo va a la par con el discurso disuasivo y la promoción de valores humanos. Respeto, honestidad y conciencia son elementos suficientes para predicar con el ejemplo positivo en la familia y la sociedad.

La causa de la conducta delincuencial no reside en la pobreza económica como tal. La conducta disocial o antisocial de los sociópatas tiene dos columnas importantes: el cerebro disfuncional y el aprendizaje. El delincuente puede crecer en las entrañas de la religión y la espiritualidad, provenir de una familia modelo y ejemplo de moralidad. Pero si está equipado con un cerebro dañado por un trastorno del neurodesarrollo, como alteraciones en la corteza prefrontal o en el giro cingulado anterior, tendrá trastornos del juicio. La ausencia de culpa, la incapacidad para aprender de la experiencia y su código de ética diferente al modelo donde creció harán de él una persona potencialmente delincuente, altamente dañina para la familia y la sociedad.

Atender las causas implica establecer un diagnóstico temprano de estos daños del neurodesarrollo. No todos los daños del neurodesarrollo están condenados a delinquir. Atender las causas significa hacer diagnósticos tempranos y oportunos, y no esperar la llegada de la adolescencia para actuar. Aquí surge la pregunta esencial: ¿Quién debe hacer el diagnóstico temprano y oportuno de los trastornos del neurodesarrollo, específicamente los relacionados con las disfunciones de la corteza prefrontal? La respuesta es clara y precisa: los padres y los neurólogos pediatras. Los padres conviven 24/7 con sus hijos; ante cualquier duda, deben auxiliarse con el especialista. Eso es “atención a las causas”.