Por David Uriarte /
México en general y Sinaloa en particular tienen una reserva de hombres y mujeres buenos en el más amplio de los sentidos, personas trabajadoras, aplicadas en su quehacer profesional, sin dejar de lado a quienes con su ejemplo y alejados del rigor académico, predican con el ejemplo la más pura de las conductas.
Hace unos días, reconocieron en la ciudad de Tijuana, Baja California, a unos profesionistas del derecho, abogados ejemplares, sinaloenses distinguidos por su desempeño profesional, siempre en la ruta del trabajo académico, de la administración pública, o desde los despachos cuyo prestigio representa la calidad de su trabajo.
Uno de estos abogados galardonado fue Alfonso Carlos Ontiveros Salas, un rosarense radicado desde hace más de medio siglo en Culiacán. Ontiveros es un abogado egresado de la UAS en 1970; su recorrido profesional tampoco significa algo extraordinario, lo que sí es extraordinario en su persona es la persistencia y pasión que le imprime a los encargos tanto académicos como del servicio público.
Fue presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Estado de Sinaloa en dos ocasiones, eso fue en los años de 1981 y 1986. Pasó por la entonces Policía Judicial del Estado de Sinaloa en 1989, también fue subprocurador General de Justicia en Sinaloa en dos ocasiones, director General de Seguridad Pública del Municipio de Culiacán, fungió como encargado del Despacho del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de la Secretaría de Gobernación en 1998, secretario Particular del Fiscal Especializado para la Atención de Delitos contra la Salud, de la Procuraduría General de la República, del 2001 al 2003. Director de Asuntos Jurídicos y Abogado General de la Universidad Autónoma de Sinaloa, en 2005, 2013 y actualmente, profesor de Tiempo Completo de la UAS (jubilado).
En fin, el currículo y la hoja de vida de Ontiveros son abundantes. El tema no es la exaltación de la persona como tal, es poner en perspectiva la muestra de tantos hombres y mujeres dedicados al servicio público o privado, personas de bien, personas incrustadas en una sociedad convulsa, salpicada por eventos catastróficos.
El reconocimiento al mérito profesional con motivo del Día del Abogado significa que los ojos de los escrutadores saben que no hacen milagros, pero son buenos.













