David Uriarte /
No se trata de alborotos o declaraciones sensacionalistas, se trata de mano y paso firme. Esto aplica a cualquier régimen gubernamental: el gobernado y el gobernante establecen una relación sinérgica. El gobernado necesita certeza y claridad en los actos de gobierno, y el gobernante requiere la aprobación de programas y proyectos sociales donde el bienestar social está en el centro de cualquier acto o discusión.
Poco a poco, aunque muchos quisieran ver una serie de movimientos abruptos, radicales y rápidos, la gobernadora está moviendo las piezas de las responsabilidades sustantivas. Empezó de afuera hacia adentro, de puestos de mediana responsabilidad hasta la Secretaría General de Gobierno. De repente surgen dos comentarios: aquellos que buscan la causa de la separación de la exsecretaria general de Gobierno, quien regresa a su curul en el Congreso del Estado, y aquellos que buscan en la nueva pieza de gobierno las virtudes o la gracia por las que fue contratada al final del camino o mandato de una administración que está prácticamente juntando sus cosas para el relevo.
Se puede pensar que el Gobierno de Sinaloa está en la etapa final, donde hay que ordenar todo desde el punto de vista contable y administrativo. No hay que olvidar que el poder es el poder hasta el último minuto del mandato. Esto quiere decir que la gobernadora tiene o conoce la combinación de la caja fuerte, esa clave que ofrece un poder inimaginable a través de una maquinaria compleja, pero concatenada por la vía de un Congreso mayoritario y un Poder Judicial atento a los lineamientos nacionales de un proyecto anhelado por mucho tiempo por su líder y atesorado por la militancia de un proyecto imaginado a perpetuidad.
El paso firme requiere análisis, no arrebatos; imaginación más que impulsos, razón sobre la emoción y la pulcritud de un proceso de transición donde la imagen partidista está en juego. Parece que la gobernadora tiene oídos atentos a sus asesores. El patio de maniobra está reducido, por eso se necesita habilidad y destreza para hacer, con pocos movimientos, el mayor de los cambios rumbo a la meta cíclica de un poder que puede salir fortalecido o desvanecerse por la inercia de una serie de acciones que al final cobran su factura.
El paso firme es la marca de la gobernadora. Puede o no gustar su modelo de gobierno, pero al final, todo se mide por resultados.














