Por David Uriarte

La conciencia es una atribución humana; solo ellos pueden tener capacidad de abstracción, de pensar, analizar, comparar la realidad con los intereses dogmáticos y saber si hay congruencia entre lo que se dice y lo que se hace. La conciencia no resuelve todo; alguien puede tener conciencia, pero no necesariamente ser honesto. Aquí está la médula de la conducta humana, la incongruencia evidente que contrasta con la realidad y la verdad.

El tema de la conciencia aplica para todo y todos los adultos, no se puede o, más bien, no se debe confundir conciencia con inteligencia. Hay personas muy inteligentes, pero no tienen conciencia de su empatía reducida en el tema de las relaciones humanas o en las relaciones de familia o pareja. Una cosa es saber lo que se hace y otra cosa es hacerlo de forma automática, brincándose la conciencia; es como el conductor o el chef que realiza su actividad de forma automática.

Tener conciencia es el principio, lo que sigue es la congruencia como parte de la honestidad. Si hay conciencia, pero el acto realizado no beneficia a los demás o forma parte de la autoagresión, como en el caso de los adictos, no solo se convierte en mentira el dicho o el hecho, la persona se convierte en un ser que puede ser inteligente, carismático, seductor, rico, incluso líder de opinión o líder político, ministro de culto; puede ostentar cualquier título o realizar cualquier tarea socialmente aplaudible. Sin embargo, eso no le quita un posible grado diminuto de conciencia y una dimensión extragrande de deshonesto.

Tener conciencia es la mitad de la sabiduría humana; agregar honestidad es tener la certeza de ser una persona íntegra. Cuando llegan los periodos político-electorales, aparecen los ambiciosos, los sedientos, los bien intencionados y los íntegros.

La ambición es el motor que mueve al que tiene poca fortuna en las bolsas de su autoestima. Los sedientos de poder son aquellas personas que ven en la política una herramienta para mover muchas cosas a su favor, incluyendo revanchas de muchos tipos. Los hay también bien intencionados, pero faltos de habilidades y destrezas para navegar o participar en cualquiera de los tres poderes.

Las personas íntegras son aquellas cuya conciencia hace sinergia con la honestidad, convirtiéndolas en personas íntegras. Tampoco son garantía de triunfo; el río de la contienda está lleno de cocodrilos.