Por David Uriarte

Muchas veces la estrategia para resolver o revertir un problema termina siendo una estrategia equivocada; esto aplica en todos los ámbitos. En la economía, a veces sucede todo lo contrario de lo que se piensa: se hacen inversiones significativas y el resultado es un desastre. Así aparece la transición de la riqueza a la pobreza; actos diseñados para ganar terminan siendo para perder. Son estrategias equivocadas.

En el terreno de la salud pasa lo mismo. Ciertas actividades pensadas para mejorar la salud pueden terminar, en el peor de los casos, bajo tierra, o bien dañar órganos, aparatos y sistemas que funcionaban bien. Las estrategias equivocadas de algunas recetas herbolarias, suplementos de moda o medicamentos sin prescripción médica lo confirman. A veces —sale más caro el caldo que las albóndigas—; hay un principio que dice: —si las cosas están bien, no le muevas—.

La actividad que más estrategias equivocadas exhibe es la política. Los políticos y sus asesores conciben acciones u omisiones como herramienta de apalancamiento y posicionamiento de la marca de su partido, pero no siempre ocurre lo esperado.

Las estrategias para combatir el crimen organizado son producto de opiniones diversas: religiosas, tecnócratas, de expertos extranjeros, consensos de peritos en seguridad o negociación internacional. Buenas intenciones, las mejores opiniones; sin embargo, al revisar los resultados, solo las estadísticas y su maquillaje revelan avances significativos.

Basta salir a la calle y preguntarle al chofer que transita por carreteras federales con mercancía, a los comerciantes, víctimas del cobro de piso, a quienes por negarse a tratos con criminales sufrieron daños o vandalismo en sus negocios, a los agricultores afectados por el cobro del uso del agua, a los limoneros y aguacateros. A ellos hay que preguntarles cómo perciben el clima de “seguridad”. Es probable que su respuesta deje en claro que en materia de seguridad pública la estrategia no funciona en su totalidad.

Muestra de las mentes brillantes en el escritorio es el resultado de echarle la maquinaria oficial a la gobernadora de Chihuahua: de ser una desconocida, hoy figura como un cuadro político de la oposición visible y atractivo.

Estrategias equivocadas.