Por David Uriarte /

La herencia es la cosecha de una siembra que a veces no sembramos; es el pasado que toca la puerta del presente; es la relación directa o indirecta de conductas y condiciones ajenas en el tiempo, ligadas al destino de personas que disfrutan o padecen el usufructo de lo que no pidieron. La herencia tiene mil aristas, desde enfermedades transgeneracionales hasta fortunas inesperadas. En este rango de diferencias están las herencias malditas cuyo costo incluye la vida de inocentes.

La herencia poco analizada es la del origen y destino social, aquella cuyo caudal arrastra con todo, incluidas las esperanzas de un futuro mejor para la familia y la sociedad. Si en el futuro está el destino social, el presente ofrece una muestra exacta de lo que sigue en materia de seguridad, economía, salud y educación en México.

La herencia social relativa a la inseguridad solo se desbordó; nunca ha existido paz y tranquilidad edénica. La tierra prometida solo existe en el imaginario religioso. Mientras tanto, hay que tomar precauciones y saber qué tipo de amistades, compañías, trabajos y actividades se desempeñan para prever las consecuencias.

Las mejores comidas requieren una cocción lenta, y los peores escenarios incuban con el tiempo. También existen comidas rápidas sabrosas y escenarios catastróficos que se desencadenan de un día para otro. La herencia no distingue tiempos: se activa cuando tiene que activarse.

La herencia tiene que ver con personas tanto en la vida biológica como en la vida social y política. Personas heredan enfermedades a sus hijos, personas heredan problemas sociales y personas heredan problemas políticos. Personas con un grado de maldad extremo o con analfabetismo emocional heredan crueldad social. La herencia siempre está presente en todas las páginas de la vida.

No se sabe cuáles son las peores herencias: las enfermedades físicas, las mentales, las sociales o las políticas. También hay herencias que se disfrutan: muchas personas gozan de buena salud gracias a la herencia, viven y logran un estilo de vida de primer mundo; otras alcanzan la cumbre del éxito gracias a la herencia política. La herencia siempre toca la vida; lo que no se sabe es cómo lo hará.

Las actitudes personales construyen herencia familiar, social y política.