Por David Uriarte / 

Todas las ventajas conllevan desventajas; como dice el clásico: “solo le roban al que tiene”. Existen posturas ideológicas radicales que no aplican universalmente. Diversos lugares en México y otros países expiden licencias de conducir permanentes y, ante el planteamiento de implementar esta modalidad en Sinaloa, surge la interrogante sobre sus pros y contras. Para analizar el tema, consultamos a Israel Armenta López, ingeniero civil con especialidad en ingeniería de tránsito, movilidad y transporte.

El experto afirma que expedir licencias de por vida ofrece ventajas, principalmente la reducción de trámites, costos y cargas administrativas, tanto para los conductores como para la autoridad competente. Para automovilistas experimentados y con buen estado de salud, este modelo resulta cómodo y eficiente. Sin embargo, Armenta López advierte que las prácticas internacionales demuestran que la ausencia de evaluaciones médicas periódicas limita la detección oportuna de deterioros visuales, cognitivos y psicomotores propios de la edad.

La visión, la capacidad de atención, el tiempo de reacción y la coordinación constituyen habilidades esenciales para una conducción segura; su disminución o deterioro representa un riesgo no solo para el conductor, sino también para los usuarios de la vía pública. En el supuesto de obtener una licencia de conducir de por vida, la autoridad debe acompañar el documento con pruebas médicas periódicas como herramienta para garantizar la seguridad vial.

En países europeos y Estados Unidos, la tendencia apunta a limitar o eliminar las licencias vitalicias y establecer sistemas de renovación con controles médicos, particularmente a partir de determinadas edades.

El especialista concluye: las licencias de conducir de por vida ofrecen ventajas en términos de comodidad y eficiencia administrativa, pero su implementación sin mecanismos de evaluación médica periódica puede comprometer la seguridad vial. Un modelo equilibrado, que combine una vigencia prolongada con controles regulares de visión y capacidades cognitivas, representa la alternativa más adecuada para armonizar los derechos individuales de movilidad con la protección del interés público. La idea de la licencia de conducir permanente es positiva, pero requiere afinar su operatividad para que sea funcional.