Por David Uriarte / 

El resentimiento social es un sentimiento de frustración, enojo y rechazo hacia un sistema, grupo o clase privilegiada, provocado por la percepción de desigualdad, injusticia o falta de oportunidades.

El resentimiento social tiene diferentes expresiones; la más socorrida es la crítica per se: hombres y mujeres que a todo le encuentran la arista oculta, una inconformidad crónica con la misma vida, una idea, pensamiento o creencia de la desigualdad enraizada en su persona o familia, una especie de paranoia donde la pobreza o mala suerte es la sombra persecutoria desde siempre.

Los resentidos pueden ser personas ilustradas, intelectuales o líderes, aunque eso no les quita el resentimiento por las limitaciones o estigmas propios de sus experiencias de la infancia, o las cargas traumáticas de la familia por circunstancias totalmente ajenas a su voluntad, pero radicadas en el ámbito de sus responsabilidades económicas parentales.

Los resentidos sociales tienen una agudeza mental para encontrar debilidades donde otros ven fortalezas, para observar, imaginar o pensar de forma diferente; tienen una agudeza intuitiva que logra confundir a los protagonistas de conductas verticales, haciéndolos creer en ciertas desviaciones que solo ellos ven o interpretan.

El resentimiento social se parece a la dismorfia corporal, esa condición que hace a la persona autopercibirse deforme, aunque la geometría le demuestre lo contrario; en este caso, el resentido está convencido de intenciones, errores, culpas o dolo en las conductas de los demás.

Una manera de construir hijos resentidos es vivir siempre en la crítica, dejar de reconocer los triunfos ajenos, observar los logros ajenos como una expresión de la suerte más que de las habilidades. El negativismo o la estrechez propia de familias lastimadas por circunstancias de pobreza es una de las fuentes que alimentan el resentimiento social, donde los infantes aprenden y se nutren, haciendo suyas las observaciones en la adultez y convirtiéndose también en resentidos sociales.

No se trata de halagar por halagar la conducta o expresiones de los demás; se trata de reconocer el esfuerzo, la vocación, las habilidades o destrezas de aquellas personas que logran brillar con luz propia.

Los resentidos sociales no son “malos” ni son enfermos; son el resultado de condiciones desconocidas, con una carga de sufrimiento inimaginable.