Por David Uriarte /
Sin duda, en los últimos veinte meses Sinaloa se mantiene en las marquesinas de los espectáculos más vistos en el mundo. Sin afán de exaltar conductas deleznables, la verdad supera cualquier expectativa social; sin duda, tiempo de pasiones. No hay pasión sin emoción, ni emoción sin sentimiento: es una cadena de eventos psicológicos materializados en acciones o conductas cuyos virajes son precisamente las diferencias entre lo esperado y lo inesperado en una persona, familia o sociedad.
Los tiempos de pasiones tienen características extremas; son conductas polares, valores y antivalores a veces intercalados, traslapados, cíclicos, repetitivos, aplaudidos por unos y rechazados por otros. Las conductas pasionales son extremos de las emociones o los compromisos establecidos. Hay conciencia de ello; a veces es la mezcla de complicidades, también puede ser el resultado de promesas incumplidas o simplemente el atropello de pasiones desbordadas. Cualquier conducta humana tiene un toque de pasión, un interés más allá de la mecánica propia de la acción: la sazón de la intención personal para resolver diferencias o cumplir objetivos a su manera.
En las últimas horas, las pasiones políticas en México se batieron en el contenedor de la conciencia social con un tema principal: el gobierno de Estados Unidos, su presidente, su fiscalía y sus agencias de investigación relacionadas con el narcotráfico. Las pasiones en ambos países y en ambos gobiernos permean dos ámbitos de la sociedad: la política y la comercialización de psicotrópicos.
La política y los políticos aparecen salpicados por sangre, violencia, enfermedad y dinero. Las pasiones alcanzan niveles de locura donde la vida reduce su valor a cero; las formas de expresar la supremacía se adhieren a la violencia, las consecuencias del negocio atentan contra la salud pública con resultados mortales, y todo con un solo objetivo: el dinero. De las pasiones por un buen “negocio” surgen los daños colaterales; el gobierno estadounidense también se apasionó y tejió su red de investigación tecnológica, lo que derivó en una relación de actores criminales.
Unos de esos actores ya fueron entregados por el gobierno mexicano y otros apenas son solicitados; de cualquier manera, las pasiones dan resultado. Las pasiones garantizan la obsesión por el tema, cualquiera que este sea.















