Por David Uriarte /

Poco a poco empiezan a caer piezas informativas que intentan darle forma al rompecabezas cuya imagen no es igual para todos: mientras unos ven una cosa, otros ven otra y algunos ven lo invisible. Entre estar seguro y conocer la verdad hay una distancia abismal.

Estar seguro deriva de una creencia tan subjetiva como la emoción que la impregna; conocer la verdad es producto de la complicidad, el privilegio de la información de primera mano, o la fuga de información de las carpetas de investigación, cuando se trata de conductas constitutivas de delito.

Hay una dimensión desconocida cuando las personas leen, escuchan o ven informativos de redes sociales, portales apócrifos, o afirmaciones transmitidas como el -teléfono descompuesto-.

Es posible que la realidad sea más robusta que los supuestos; es posible que la información tenga sesgos políticos o intenciones dolosas; es posible también que las defensas de algunos inculpados, señalados o indiciados formen parte de complicidades, de estrategias jurídicas o de una legítima defensa.

El tamaño o la dimensión de ciertos conflictos donde la médula es el dinero producto de la corrupción pueden estar lejos de la verdadera realidad: puede ser mucho más grande o mucho más pequeña. Tampoco se puede asegurar siempre que todo está sesgado; hay excepciones que también cuentan.

Para los novatos de la política, los eternos aspirantes a puestos de elección popular, o aquellos opositores que en algún momento estuvieron al otro lado de la mesa, lo que está pasando en Sinaloa debe servirles de lección: deben aprender que la luz del poder a veces se eclipsa por el pensamiento irracional y el juicio precario de quienes creen en la eternidad del poder como vía o fuente de impunidad.

Cuando se desconoce la dimensión y los alcances de las negociaciones que sirvieron de refuerzo para consolidar el poder, la sorpresa llega más temprano que tarde, el blindaje se difumina, la reverencia se acaba y la oscuridad del día se asoma como presagio de mal pronóstico político, social y familiar.

Si los implicados en cualquier conflicto de resonancia social hubieran escuchado la voz del juicio y hubieran mantenido la verticalidad que presumían, la mano de la historia hubiera escrito otra novela.

La dimensión desconocida de las cosas en política siempre se acompaña de una palabra inútil: -hubiera-.