Por David Uriarte /
Nadie sabe con exactitud cuál es el pronóstico de la política y el gobierno en Sinaloa; lo que sí se sabe o se conoce es la serie de hechos revelados a la sociedad por las fuentes oficiales y no oficiales. En esta época, las redes sociales a veces se adelantan a la información oficial; dan a conocer hechos, nombres y lugares donde surge la noticia, contenido informativo marcado por intereses o, simplemente, contenido informativo derivado de las circunstancias o de las fuentes primarias de los hechos.
Hace ocho años, en México, la información política abarrotó la conciencia social; hace tres años, la información estatal daba cuenta de la llegada del nuevo régimen, dejando prácticamente en el suelo las aspiraciones de la hoy oposición. Fue un golpe político del que no se han podido reponer y, tal vez, no se repongan nunca.
Si políticamente fueron una bomba los resultados electorales aplastantes del régimen actual, de igual manera lo fueron los acontecimientos de hace dos años, cuando dos de las figuras más relevantes del narcotráfico en el mundo llegaron, literalmente, a territorio estadounidense. Desde entonces, Sinaloa ocupa la primera fila de la noticia internacional; por eso y por la connotación que impone la muerte del líder Héctor Melesio Cuén Ojeda, se concatenan o se juntan dos variables trágicas y noticiosas por sí mismas: la forma espectacular, por decir lo menos, de la llegada a tierras vecinas de los dos personajes, uno de la vieja escuela y otro de la escuela contemporánea, pero enraizado familiarmente también en la vieja escuela del siglo pasado; y, por otra parte, la revelación de tanta información de primera mano, información privilegiada para el gobierno de Estados Unidos, información que tiene contra la pared la credibilidad del régimen en México.
Las circunstancias empujan la idea lógica de que algo va a pasar en México y, particularmente, en Sinaloa, todo derivado de las investigaciones permanentes de las agencias estadounidenses, coronadas con los acontecimientos del 24 de julio de hace dos años.
No son las apuestas callejeras derivadas de la espuma informativa; es la reflexión analítica de lo que no se conoce, del peso de las pruebas aportadas por cerca de cien personas implicadas en el tema, unas más que otras, pero todas tienen algo que decir, algo que implica a gobiernos de todos los colores. De que va a pasar, va a pasar.















