Por David Uriarte /
No es la crítica por la crítica, ni el halago por el halago, es el análisis de los resultados para medir cualquier desempeño.
Existen indicadores que miden productividad y eficiencia, desde el albañil que se dedica a pegar ladrillos, hasta el arquitecto que se dedica a la planeación de construcciones monumentales, sin dejar de lado los encargos partidistas y políticos que tienen que ver con la gobernabilidad.
Antes de criticar o poner en la silla de los acusados a cualquier gobernante, primero hay que ver el estado de cosas que recibe, después, la instrumentación de programas y estrategias para dar resultados en las principales materias como la seguridad, la economía, la salud y la educación.
Son muchos los programas relacionados con la administración pública, todos importantes, pero los señalados en el párrafo anterior son de carácter urgente en cualquier sociedad.
Cuidar la imagen del gobernante es importante para su persona, su grupo, su partido y la sociedad que representa, más importante es dar resultados, cumplir con las expectativas sociales.
¿Qué espera cualquier sociedad que se precie de democrática? Preservar la vida y la integridad personal es el baluarte cuyo relieve invoca responsabilidad institucional, vivir en paz y tener certeza de la tranquilidad personal, familiar y social es parte de la vida racional, esta es la mancha o la luz que distingue el desempeño de cualquier régimen político.
Una sociedad con capacidad adquisitiva es una sociedad que no expulsa migrantes, una familia con solvencia económica se arraiga, de lo contrario expulsa a sus miembros a la franja de la miseria o a la franja de la riqueza del país vecino.
Hablar de las remesas de los connacionales radicados en los Estados Unidos es aceptar como evidencia la raquítica economía que sirvió de combustible para buscar mejores condiciones en otras latitudes; esto se mide con números y en pesos.
Cuando se habla de evaluaciones más que de juicios, se habla de resultados medibles. La salud es una de las variables tan importantes como la seguridad y la economía; sin salud no hay progreso, no hay nada.
Un sistema de salud que pone los ojos en la resolución antes que en la prevención está condenado al fracaso, así lo demuestran las epidemias de obesidad y sus consecuencias.
En el relevo del Ejecutivo en Sinaloa, no hay tiempo para la curva de aprendizaje.















