Por David Uriarte /
Hay signos o evidencias que predicen ciertos hechos, procesos fáciles de entender, elementos integrales de cierto desenlace. Al ver el tablero de los hechos políticos en México, no queda más que esperar; a veces la espera desespera.
Sin embargo, todo tiene un principio y un fin, la política es cíclica, los políticos transitorios, los hechos son evidencia de pensamientos que suman o restan, depende de qué lado de la ecuación se encuentre el que describe la historia y la realidad.
Con facilidad se pueden describir una serie de eventos significativos en la vida pública del estado mexicano. Un resumen reciente, tan reciente que solo abarca la segunda y tercera semana del mes de agosto del presente año, pone de manifiesto algunos signos predictivos de una posible implosión del poder político.
La ponderación excelsa del secretario Omar García Harfuch por parte del director de la DEA, la detención de quien conducía la camioneta el día del deceso de Héctor Melesio Cuén Ojeda, la llegada de Argentina a México del sobrino político de Rafael Ojeda, quien fuera secretario de la Marina en el periodo del presidente López Obrador, acusado de huachicol fiscal, el regreso del Gobernador de Sinaloa, la postura de la Fiscalía General, la postura de MORENA y las expresiones de Ricardo Monreal, así como el posicionamiento de los gobernadores morenistas, todo en relación con el regreso del gobernador sinaloense.
Los signos predictivos del acontecimiento reciente en Sinaloa se robustecen con la postura de la presidenta Sheinbaum a través de su red social. No se necesita ser muy inteligente para observar el cono de incertidumbre y las estrategias provocativas para unos y exploradoras para otros; siempre hay dos bandos, los que aplauden y los que denostan.
El pronóstico no es halagador para nadie, a pesar de mostrar el músculo del poder oficial. También son signos predictivos las posturas más que ideológicas, políticas, de la parte institucional, de los liderazgos partidistas, así como el cuidado de los daños colaterales de las estructuras operativas de la gobernabilidad.
Lo que sigue en este proceso es sumamente interesante desde cualquier óptica; la fortaleza política del poder se está poniendo a prueba, los compromisos partidistas e ideológicos, pero más, el tema de la lealtad, aunque podría entremezclarse también la variable de la complicidad.















