Por David Uriarte / 

Si la ausencia de la vida es la muerte, mientras alguien tenga vida jamás sabrá qué es la muerte y, si muere, jamás sabremos objetivamente qué sigue. Los dogmas sobre la vida no son muy distintos a los dogmas sobre la muerte; la diferencia está en el debate y el análisis de la comprensión, según el entendimiento particular. La vida es un espacio donde se pueden aprender muchas cosas, entre ellas, opinar, pensar, creer, imaginar y afirmar sobre la ausencia de la vida, todo sin evidencias científicas, sin datos duros y, finalmente, dentro del margen del dogmatismo, donde lo único que queda es creer o no creer.

La definición conceptual del miedo es la de una emoción primaria y universal provocada por la percepción de un peligro real o supuesto, presente o futuro, que funciona como un mecanismo de supervivencia para proteger la integridad del organismo. Para tener o sentir miedo se requiere conciencia; de otra manera, la percepción como abstracción o razonamiento, real o fantasioso, no existiría. El fondo del concepto, transformado en emoción y percibido por la conciencia, está enfocado en la integridad de la vida. Esto significa que el miedo mayúsculo es a perder la vida y, en consecuencia, a morir.

El miedo se relaciona con pérdidas, desde algo material hasta la vida: perder el trabajo, perder el amor, perder a los hijos, a los padres, perder la visión, una parte del cuerpo, la felicidad, el dinero, la confianza, la memoria, la capacidad reproductiva, la erección, el deseo, hasta perder la vida.

La percepción del miedo a la muerte solo se presenta en los humanos. Los irracionales, al no tener capacidad de abstracción, no pueden expresar la subjetividad del miedo a la muerte. El humano piensa, razona e imagina el destino de sus bienes, de sus seres queridos, de su pareja y de sus privilegios de vida. También puede introducirse en la dinámica del aprendizaje social relativo a conceptos juiciosos del bien y el mal, del infierno y la gloria, del pecado y el perdón, de los errores humanos y las virtudes, entre muchas otras dualidades.

Hay muchas expresiones conductuales o ritualistas antes de morir, tanto de la persona que conoce su destino irremediable como de sus familiares. No existe un protocolo universal; la cultura envuelve la conciencia de la sociedad y dicta las formas de procesar el duelo desde antes de que la vida se extinga.