Por David Uriarte / 

El recuerdo de los amigos siempre brota por los dichos o hechos significativos, no por la grandeza intelectual, el carisma o la empatía social. Jesús Enrique Hernández Chávez, un político de tiempo completo, recorrió los escenarios concurridos de la política tradicional del siglo pasado. Quien quiera saber o conocer todos los cargos o encargos debe buscar su hoja de vida laboral para dimensionar los alcances del famoso “Chuquiqui”.

Las brechas generacionales separan de alguna manera la cercanía del desempeño, cualquiera que sea la actividad desarrollada. Las nuevas generaciones tienen derecho a desconocer trayectorias y desempeños de quienes pudieron ser sus padres; solo aquellos inmersos en el quehacer político o estudiosos de la historia política de México, y especialmente de Sinaloa, conocen la versatilidad de Hernández Chávez.

La prudencia del “Chuquiqui” no permitió saber a ciencia cierta el grado de frustración con su partido durante los últimos años de su vida; lo que sí permitió fue conocer la vena simpática de un hombre con el que podías platicar horas y horas, siempre con la broma a bote pronto, un hombre experimentado que sabía y conocía de protocolos políticos y de diplomacia, una persona cuya seriedad se perdía al momento de explotar la broma.

Hace unos meses, al compartir una amena plática y exquisita comida en un conocido restaurante de Culiacán, la impredecibilidad del “Chuquiqui” explotó en un comentario cuya seriedad llamó la atención de los comensales. Dijo con voz clara y acento oportuno: -estoy pensando mandar poner unos espectaculares que digan, -El extraño retorno del “Chuquiqui”-, de la atención silenciosa a la carcajada espontánea, fue la respuesta al inesperado comentario: –ese era el “Chuquiqui”.

La reserva política de Hernández Chávez palidecía ante la reserva de amigos, un deportista que marcó toda una época en el futbol sinaloense, un conversador extraordinario, y de política ni hablar, para ese tema se requiere mucha memoria.

Cada quien recuerda a las personas que se nos adelantaron a su manera. Quienes no lo conocieron solo se enteran por las noticias o redes sociales; incluso puede ser un hecho inadvertido. Quienes compartieron alguna responsabilidad en la administración pública o trabajaron con “el Chuquiqui” tienen su propio juicio, incluso agradecimiento.

El extraño retorno del “Chuquiqui”.