Por David Uriarte /
Una sociedad resiliente no significa ausencia de miedo, es la capacidad de superar el miedo a través de la necesidad de lo básico, la supervivencia, un instinto natural en los humanos. A veces, el miedo es el motor para superar las distancias entre la realidad y lo que se necesita, una realidad abrumadora y una necesidad latente, todo en busca del bienestar familiar.
Los empresarios tienen miedo, los profesionistas también, los comerciantes, todo aquel que sale a la calle y el que no, también. No hay certeza de seguridad como tal; sin embargo, la vida social no se puede detener, se convive entre el miedo, la incertidumbre y la esperanza de llegar a casa un día más sanos y salvos.
El esfuerzo por estudiar, por mantener una familia, por trabajar, por invertir, por salir a las carreteras, por mantener un empleo, es parte de una sociedad impuesta a vivir climas extraordinarios en materia de seguridad. Los esfuerzos son mixtos, no solo de la sociedad; también existe el esfuerzo de los gobernantes, el esfuerzo institucional por mantener una sociedad en paz, tranquila y segura, aunque los resultados mantienen una evidencia para unos, contradictoria, y para otros insuficiente.
El miedo de salir a la calle, de recibir una llamada telefónica de extorsión, de ser víctima colateral, incluso de ser confundido, es un miedo legítimo en estos días. El miedo se convierte en un protector, una motivación para el cuidado extremo. Los que no tienen miedo viven esquivando el riesgo, enfrentándose a él o siendo víctimas. El miedo tiene un manto protector cuando se asume con conciencia; cuando la valentía lo hace a un lado, se abre la puerta a la incertidumbre y se predispone a lo impredecible. No todo se puede o debe dejar a la suerte; la razón debe prevalecer, el análisis se convierte en el jurado que determina la conducta de protección o de riesgo.
Muchas actividades comerciales inician su jornada en la madrugada, a las dos o tres de la mañana; otras no cierran sus puertas. Los camiones de carga y transportes de pasaje recorren las carreteras de Tijuana a Mérida. Es un esfuerzo comercial por mantener viva la economía e interconectadas a las familias, es un esfuerzo siempre cubierto por una capa de miedo.
Los esfuerzos con miedo representan la mezcla de la resiliencia, la capacidad para sobreponerse a lo que no gusta, a lo que lastima y amenaza.
Ojalá se regrese a los esfuerzos seguros.













