Por David Uriarte /

Por fin llegó la realidad y las ilusiones se agotaron, se trata de entender o tratar de entender la fuerza hipnótica de eventos de esta naturaleza, la copa mundial de fútbol representa un jugoso negocio para los millonarios encargados de jugar con las necesidades emocionales de millones de personas en el mundo.

Entre el juego y el negocio existe un espacio milimétrico, el fútbol es un deporte aspiracional, tiene un magnetismo potente entre niños y adolescentes, es el sueño frustrado de algunos padres que quieren verse realizados en los pies de sus hijos, el fútbol es un aliado de los regímenes políticos, es la tapadera que cierra el frasco de la inatención social, la anestesia temporal de una sociedad inconforme pero resignada, la dosis que potencializa la esperanza en una sociedad experta en resiliencia.

A partir de hoy, la dimensión de la realidad en países cuya preocupación ya no es permanecer en la recta final de la copa mundial de fútbol, tendrá un espacio importante en la mente y la conciencia social, los baches en las carreteras, la inseguridad de las mismas, los problemas internacionales, el resultado de las negociaciones con Estados Unidos y el tratado de libre comercio, se verá con otros ojos.

Cuando se despierta de la ilusión hipnótica del fútbol, un país como México, retomará el camino que dejó por unas semanas, se encontrará con lo que es, un país de hombres y mujeres trabajadores, decididos a remar con lo que hay, resignados a tener un pie en el pasado, adorando su historia y esperanzados por un futuro maquillado sin darse cuenta que lo importante es el aquí y ahora.

Si hay una sociedad que se puede calificar como cuatro por cuatro o todo terreno, es la mexicana ¿Qué más le puede pasar? ¿Qué más puede soportar? Los mexicanos están hechos de un material genético super resistible, con una capacidad extrema para adaptarse a lo que hay, si Darwin existiera, los mexicanos serían una especie de estudio que revolucionaría o cambiaría su teoría de la selección natural.

Después de las ilusiones agotadas, aún quedan algunas rémoras pegadas a las sabanas del sueño imposible, justificando los excesos de un pensamiento enajenado, molestos o frustrados por los resultados, por enésima ocasión se ha demostrado la gran diferencia entre la pasión y la habilidad o destreza.

Cuando la pasión se interpone, la habilidad no crece, por eso llega el fracaso.