Por David Uriarte /

Hay candidatos que ya no sienten lo duro sino lo tupido, es decir, pensaban que todo era miel sobre hojuelas, creían que no se necesitaba dinero, que lo único era voluntad, redes sociales y actitud; pues resulta que no es como lo pensaban.

La única manera de llegar a la población objetivo es con presencia, presencia en la mente de los electores, la mente sólo registra aquello que le es importante ya sea por bueno o por malo, todo lo mediocre, gris, insípido, o anodino no le motiva, le es indiferente y en consecuencia ni lo recuerda, ni le interesa, mucho menos lo recomienda.

Otra vez, la mente humana es el foco de atención, no se trata de espectaculares, frases impactantes, ocurrencias, payasadas, videos con mensaje que pocos escuchan, las estadísticas de redes sociales revelan que en promedio los usuarios abren los mensajes o videos y duran entre dos y cinco segundos viendo, leyendo o escuchando, es decir, el anunciante no logra atraer la atención del usuario de redes como cree.

La intoxicación de datos, estadísticas, mitotes, mentiras, señalamientos, diatribas, infundios y rumores, se sobreponen a los mensajes cuyo contenido es motivo de reflexión, esto hace que los usuarios de redes fijen su mirada si acaso sólo unos segundos.

Si el número de votantes de un distrito local o federal, o de un municipio, no se diga de una entidad federativa es de cien mil o de un millón, la pregunta es ¿Cómo se llega a la mente de la población objetivo? ¿Cómo llamar la atención? Y lo más importante ¿Cómo convencerlo que vote por alguien en particular? Esta es la verdadera tarea de los candidatos con dinero o sin dinero, el oficio de la política se convierte en arte cuando se practica, y en una degradación cuando se critica, es bueno que los críticos de la política enarbolen una candidatura para que sepan y vivan en carne propia las vicisitudes de una realidad fácil de criticar y difícil de profesar.

¡Querían ser candidatos o candidatas!, ahí tienen la mesa servida, ahí está la población esperando ver los malabares o gracias que puedan convencerlos que son la mejor opción. No batalla con la pareja el que no la tiene, y no batalla con los votos, el que no los busca.