Por David Uriarte /
Significa que una persona ignora un peligro evidente o actúa con imprudencia y terquedad ante una situación grave que requiere precaución o humildad; así define la inteligencia artificial el significado del dicho.
Aplicado a las condiciones y circunstancias evidentes que se viven en ciertos temas específicos en el país, muchas personas siguen pensando que no pasa nada y consideran una exageración hablar de riesgos en seguridad, salud y educación.
Cuando la luz de la protección ilumina el camino de la delincuencia y la corrupción, nadie piensa en la oscuridad ni en los tropiezos que pueden terminar en el panteón, la cárcel o el destierro.
Los implicados en casos que traspasan las fronteras del país conocen los alcances de los señalamientos y el pronóstico de su libertad; lo que desconocen es el tamaño de la cauda y el número de implicados.
Cuando los protagonistas de los conflictos bilaterales entre México y otro país ocupan cargos importantes o la sociedad los conoce por la intensidad, el alcance o los estragos de sus acciones, todo indica que las cosas van en serio y que pueden complicarse a grados inimaginables, más aún cuando la luz del poder iluminaba el camino delincuencial.
La tempestad alcanza vientos cuya intensidad lastima economías fuertes y negocios sostenidos por clientes premium que podían pagar un copete económico significativo.
El mercado automotriz es uno de ellos; el inmobiliario, otro. La cascada llega hasta el puesto de esquites cuya fama marcó precios inaccesibles para la población de clase media o baja.
La economía flotante se desmoronó y dio paso a la economía real: el poder adquisitivo existe, pero los clientes VIP que acaparaban las primeras filas de las compras sin preguntar por los costos y simplemente pagaban o mandaban pagar, dejaron una percepción de riqueza cuyo brillo se apagó.
Ven la tempestad y no se hincan: eso hacen los incrédulos, los que consideran exagerada la nota e incluso las personas de buena fe que siguen creyendo en conspiraciones extrañas.
Lo cierto es que la legalidad y la justicia se estrechan la mano y dan paso a una serie de acontecimientos que parecen sacados de una película de ciencia ficción.
La dimensión de la tempestad aún no se conoce del todo.













