Por David Uriarte /
Muchos son los ejemplos de padres permisivos con hijos delincuentes, con hijos disfuncionales, con hijos que pusieron el último clavo al ataúd de la desgracia personal.
Muchos padres terminan contemplando la miseria de hijos que deformaron: la antítesis de sus deseos, la materialización de todo lo contrario a sus expectativas como padres.
Los padres frustrados existen en todo el mundo; nadie los ve, nadie los percibe como tal, nadie se ocupa de ellos. Viven su desgracia en silencio, se confrontan con su pareja en busca de acomodar las culpas y se hacen preguntas obvias: ¿En qué fallamos? ¿Qué nos faltó? ¿Y el amor? Muchas son las preguntas y una sola respuesta: -hijos disfuncionales-.
Los padres permisivos salen a luz pública bajo dos condiciones: cuando el acto del hijo o los hijos es espectacularmente catastrófico y produce daño donde la vida o la seguridad de inocentes estuvo en juego; y cuando la vida social, política, académica o económica del padre es públicamente conocida por sus cargos o encargos públicos.
Cuando el hijo comete actos delictivos, la pregunta surge de inmediato: ¿Quiénes son sus padres? ¿Son padres funcionales? ¿Viene de una familia disfuncional? El origen sociofamiliar es el entorno más observado por la sociedad; el crecimiento de los hijos pasa desapercibido cuando su conducta se enmarca dentro de los parámetros medibles de la medianía y la congruencia financiera relativa al esfuerzo laboral.
Los padres permisivos son, por lo general, producto de sus propias frustraciones en su crecimiento y desarrollo. Hay un esquema de pensamiento recurrente: -para que no sufran lo que yo sufrí-.
El sufrimiento de los padres se convierte en el lente borroso que no les permite ver con claridad la magnitud del daño que su permisividad causa en los hijos.
El triunfo de los hijos a veces se convierte en la sentencia de los padres cuando la ruta del éxito transita por la vía del delito en cualquiera de sus expresiones.
Hay padres que confían en la inmunidad pasajera del momento laboral, en sus influencias con personajes poderosos, o en las reservas económicas acumuladas; olvidan, o no contemplan, que el tiempo adelgaza la inmunidad y que los excesos terminan por ser la causa de la desgracia familiar.
De alguna manera, cuando caen los padres, caen los hijos, y cuando caen los hijos, caen los padres.















