Por David Uriarte /

Resulta fácil imaginar el origen, desarrollo y conclusión de los problemas; lo difícil es entender de primera mano, o saber con exactitud y veracidad, la raíz de cualquier conflicto. Existen muchísimos problemas sociales y, en mayor medida, familiares y personales. Cada uno de ellos posee dos caras: la que se conoce, piensa o imagina, y la verdadera identidad del conflicto.

México ofrece ejemplos de sobra. En el mundo de la industria y el comercio, destaca la novedad del posible incremento en el precio de la tortilla. Aquí participan cuatro implicados: el productor de la materia prima, el industrial de la masa y la tortilla, el consumidor y el gobierno.

El productor de maíz enfrenta serios problemas con el agua, los insumos para el campo y el precio de la cosecha; en algunos casos, lidia además con la extorsión. Por su parte, los industriales de la masa y la tortilla —el sector tortillero— enfrentan el aumento constante de la materia prima, el monopolio del insumo, los costos de la energía eléctrica y la carga social de sus trabajadores. A esto se suman los asaltos que merman el ingreso, la confianza y la certidumbre del negocio.

Respecto al consumidor, en un país donde la tortilla es un producto de primera necesidad, la cultura induce automáticamente su consumo. Esto ocurre a pesar de que México ocupa los primeros lugares en obesidad, diabetes, dislipidemias e hipertensión. Pese al índice de enfermedad considerable, el consumo se mantiene elevado y la relación entre oferta y demanda permanece en niveles altos.

Finalmente, en esta cadena de hechos que se convierten en problemas para los integrantes del sector, el gobierno debe ejercer su papel de árbitro. Aunque exista el concepto de libre comercio, la regulación de precios al consumidor constituye una de las funciones institucionales.

En esta dinámica de intereses, el productor primario busca los mejores precios para su cosecha, pues el campo representa el granero de la cocina mexicana. Ellos persiguen la rentabilidad del negocio; sin embargo, la sociedad sufre las consecuencias de las medidas de presión, como la toma de casetas y la obstrucción de la circulación vehicular.

Por otro lado, los tortilleros mantienen un discurso bien estructurado: “-el negocio no deja ganancias-“. Así, el consumidor tiene la soga al cuello por su economía deteriorada más su adicción a la tortilla, mientras el gobierno busca una solución salomónica.