Por David Uriarte / 

A pesar de las vicisitudes, la inauguración del Mundial de Fútbol en México tuvo lugar como una competencia estratégica. Ante las marchas y protestas contra la organización, las autoridades no podían permitir ningún riesgo, aunque las imágenes de los inconformes ya dieron la vuelta al mundo.

La contención fue la consigna: evitar la confrontación hasta donde fuera posible, evitar el uso de la fuerza pública, no caer en provocaciones y evitar los actos represivos. Los inconformes buscaron fisuras para penetrar y llegar al estadio; la presentación de los artistas no les interesó, las inconformidades de los comerciantes tampoco. Lo que querían eran dos cosas: visibilidad y atención.

La capacidad de negociación dio resultados: todo fue ganar-ganar. Ganaron los inconformes porque lograron mantener su lucha en la calle; ganó el régimen porque logró negociar “la paz”. Y todo el mundo contento: contentos los líderes, contentos los negociadores, y las bolsas llenas de promesas en ambos lados.

Misión cumplida: los inconformes cumplieron su promesa de salir a la calle el día de la inauguración del Mundial, y el gobierno de la ciudad cumplió brindando seguridad y protección a los aficionados. La imagen mundial del evento no fue inmaculada, pero cumplió hasta donde fue posible, sin una cuota de sangre.

A estas horas, la historia del Mundial de Fútbol 2026 en México ya cuenta con sus primeros párrafos; el evento logró desinflar las expectativas oscuras de los agoreros del desastre. Lo importante es cumplir con el objetivo y poner el nombre de México en la marquesina de la conciencia social como un referente de identidad.

No hay que olvidar lo que subsiste detrás de esta parafernalia deportiva: la jornada en sí misma es la esencia de uno de los negocios más grandes del mundo en términos de organización y poder de convocatoria.

Todo termina en pasión y venta de un producto, motivaciones múltiples que superan la razón. La psicología de masas es un tsunami que arrastra lo que encuentra a su paso. Los organizadores siembran la semilla de la motivación años antes y la riegan con la pasión informativa de la competencia, y la cosecha alcanza para repartir migajas a unos y millones a otros.

Misión cumplida: una sociedad contenta, unos empresarios contentos y un régimen contento. Todos contentos, misión cumplida.